sábado, 8 de noviembre de 2014

LOS PÁRAMOS ORIENTALES DE LA CULATA

En el año 1990 emprendí un largo viaje desde mi ciudad natal Caracas hasta la pintoresca ciudad de Mérida. Mi objetivo era conocer y recorrer por primera vez los páramos orientales de la Sierra de La Culata en los Andes merideños. El área recién había sido declarada parque nacional lo que motivó a un grupo de profesionales de varias instituciones del país a emprender una expedición para celebrar la existencia de la nueva zona protegida. Yo era apenas un bachiller recién graduado que comenzaba sus estudios en ciencias biológicas en la Universidad Central de Venezuela y mi mayor interés era conocer de cerca el hábitat del oso frontino; por ese motivo recibí la invitación del biólogo Edgard Yerena, quien para aquel entonces desarrollaba importantes estudios enfocados en esta especie poco conocida.

Recuerdo que ese primer encuentro con el ambiente andino estuvo plagado de referentes curiosos ya que por aquel entonces estaba en boga el tema de las desapariciones misteriosas de personas en los páramos merideños, muchas de las cuales les eran atribuidas a seres extraterrestres y los populares “encantos” de las montañas. Aunque no creía en ese tipo de fantasías, confieso que mi mente comenzó a jugar con mi seguridad durante la travesía por esos imponentes paisajes de aspecto lunar. Era un mundo totalmente nuevo para mí, asombroso e intimidante. De aquella primera aventura ya han pasado 24 años, pero la recuerdo vívidamente como si hubiese acontecido ayer. Esa es la magia que envuelve a los páramos de la Sierra de La Culata.

Dado que el destino me llevó a residenciarse en Mérida, he tenido la fortuna de recorrer muchísimas veces las montañas de la sierra norte o de La Culata. En el sector aledaño al punto carretero más alto de Venezuela conocido de Pico El Águila, y rebautizado como “Collado del Cóndor” (a más o menos 4.100 metros sobre el nivel del mar), se puede distinguir una muestra excepcional de los páramos orientales de La Culata. Estos ambientes son el resultado de múltiples factores ambientales donde la acción de antiguos glaciares dejó su huella en las formas del relieve a gran escala. El clima actual sigue ejerciendo una marcada influencia en estos paisajes debido a las variaciones extremas de la temperatura. La fuerte radiación solar, las bajas temperaturas, las nevadas excepcionales, las lluvias y el viento van esculpiendo constantemente las rocas y las laderas y condicionan la presencia de los seres vivos.

Algo que diferencia a estos ambientes alto-andinos en relación con otros páramos venezolanos son sus suelos arenosos, la aridez y la escasa vegetación. Estas características dieron base para que fueran bautizados como “páramos desérticos”, sobre todo la franja altitudinal superior a los 4.000 msnm. Dicha denominación se asociaría más con características bioclimáticas en lugar de ecológicas ya que estos ambientes son también ricos en diversidad biológica. Algunas formas de vida, sobre todo plantas, evolucionaron al punto de ser únicas de estos ambientes, es decir, endémicas.

Durante los años 90 del siglo XX, estas montañas fueron el epicentro de un importante proyecto de conservación ambiental que procuraba el rescate de una especie en peligro crítico de extinción en Venezuela: el cóndor andino (Vultur gryphus). Fue entonces cuando fui involcrándome más con este tipo de ambientes en la medida que participaba voluntariamente en diferentes fases del proyecto (educación ambiental y monitoreo de las aves). Aunque los resultados de esa iniciativa no fueron tan alentadores al final, todavía en los páramos del sector de Mifafí se mantienen unos cóndores cautivos en un área recreativa que sirve de centro educativo ambiental para visitantes además de sostener la economía local. 

Los páramos del sector oriental del parque nacional Sierra de La Culata son una muestra excepcional y única en el contexto regional andino. Si bien están protegidos por Ley, siguen siendo objeto de múltiples amenazas por parte de la gente, que van desde la ganadería extensiva, la cacería furtiva, la minería ilegal (extracción de arena principalmente), aperturas de vías para el tránsito vehicular en zonas de alta fragilidad, extracción de flora, entre otras tantas. Por eso es necesario reforzar la protección de estos ecosistemas únicos en el planeta. Su cuidado podría ir acompañado, por ejemplo, al desarrollo de actividades turísticas responsables donde prevalezca la contemplación y el respeto por la naturaleza y los estilos de vida tradicionales de los asentimientos humanos locales.

Los páramos orientales de la Sierra de La Culata son un auténtico tesoro natural, muy frágiles, insustituibles, escenarios de magia y misterio... En tributo a su herencia natural aprovecho para compartir algunas imágenes que he captado durante diferentes visitas. Espero sean de su agrado. Haz clic sobre la foto que quieras ver más grande.


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